martes

The Wire, un poema sobre la humanidad. (The wire 4x13)

Son las 3.30 de la madrugada y acabo de terminar de ver, el que para mi ha sido, uno de los capítulos más redondos de la historia de las series de televisión.

La gente más cercana a mi y conocedora de mi afición a recomendar series con toda mi pasión, y todas mis armas de "seducción" ya habrán escuchado estas mismas palabras en otras muchas ocasiones, pero por primera vez las escribo (valga esto como valor añadido a mis palabras) Y lo hago nervioso, con la sensación de que seré incapaz de transmitir lo que este capítulo y esta serie significa. Pero vayamos por partes.

Para aquellos que todavía no la conozcan (que suerte la de todavía poder disfrutar por primera vez esta joya de la televisión), The Wire es una serie de policias que cuenta la historia de las mafias de la droga en la ciudad de Baltimore. Injustamente esta es la primera etiqueta que hay que ponerle a esta serie para poder explicar de que trata. Sin embargo y a diferencia de cualquier otra del género, aquí todo son matices, silencios, palabras que no se dicen, no hay buenos ni malos, las historias son de una inmensa riqueza humana, la complejidad de sentimientos de los personajes es inabarcable. Y todo esto a partir de un argumento de lo más "sencillo": la vida.

Rodada con un estilo realista que te hace sentir que estás asistiendo a un completo retrato documental de la ciudad de Baltimore y sus barrios, cada capítulo es un pequeño episodio de la vida de sus habitantes. Y aquí la suerte de que este documento sea una serie y no una película. La ventaja está en poder contar una historia con tranquilidad, al mínimo detalle y sin elipsis temporales cuya única misión suele ser la búsqueda de la acción más efectista.

Muchas veces para definir una buena serie, decimos que "es cine". Pues imaginen una película de más de 50 horas para ser degustada a trocitos pequeños, saboreando cada minuto, disfrutando de cada interpretación, sobrecogiéndote con cada silencio, recreándose con cada mirada, cada palabra, cada gesto,... no hay resoluciones inesperadas, ni giros de trama espectaculares. Aquí lo que importan son los momentos, disfrutar de cada uno de ellos...

....y cuando llega un capítulo como el último de la temporada cuarta, y conoces a los habitantes de Baltimore mejor que a tus vecinos de escalera, todo esto cobra una dimensión mayor. Entiendes que sin esta profundidad de narración, sin esos 49 episodios anteriores, todo esto no sería posible.  Una hora y quince minutos con el corazón encogido y un nudo en la garganta. Una lágrima que está siempre a punto de caer, ante una realidad tan cruel como humana tratada con una ironía y sutileza impropias de un producto televisivo, y de una sensibilidad más propia de la mejor de las poesías.

(y todavía me queda una 5ª temporada. Las malas lenguas me dicen que es una Obra Maestra)